Prakaraṇa 5 · Verso 16

यथा घटाकाशो ऽन्तःस्थितो महाकाशसमो ऽपि सन् । तथा जीवात्मा ब्रह्मणि स्थितः परमकारणे ॥

yathā ghaṭākāśo 'ntaḥsthito mahākāśasamo 'pi san | tathā jīvātmā brahmaṇi sthitaḥ paramakāraṇe ||

Así como el espacio dentro de la vasija es establecido dentro del gran espacio siendo igual a él, así el yo individual está establecido en Brahman, la causa suprema.

La analogía del ghaṭākāśa —espacio en la vasija— es quizá la más persistente y controvertida de toda la literatura advaita. Su persistencia se debe a su claridad intuitiva: todos entienden que el espacio dentro de una vasija no es diferente del espacio fuera de ella, aunque parece limitado por las paredes del recipiente. Su controversia surge de las objeciones que la analogía misma genera: si el espacio individual es igual al espacio universal, ¿por qué parece limitado? Si el yo es Brahman, ¿por qué sufre?

La respuesta está en el verbo “sthitaḥ” —establecido, situado— que implica apariencia de situación sin situación real. El espacio no está “en” la vasija; la vasija está “en” el espacio. Así, el jīvātman no está “en” Brahman; aparece “en” Brahman como una configuración nominal. La vasija no contiene espacio; interrumpe aparentemente su continuidad.

La analogía tiene un límite que el texto reconoce implícitamente: la vasija es real, pero el cuerpo-mind del jīva no lo es. El ghaṭa es mithyā —apariencia dependiente— mientras que el ākāśa es satya —realidad independiente—. Pero dentro del sistema de la analogía, esto no importa: lo que se ilustra no es la naturaleza de la vasija sino la imposibilidad de que el espacio sea dividido. Brahman, como ākāśa, es a-vibhakta —no-dividido—. La división es apariencia; la indivisibilidad es realidad.