Bālavagga · El necio · Gāthā 62

Puttā matthi dhanammatthi, iti bālo vihaññati; attā hi attano natthi, kuto puttā kuto dhanaṃ.

Puttā matthi dhanammatthi, iti bālo vihaññati; attā hi attano natthi, kuto puttā kuto dhanaṃ.

“Tengo hijos, tengo riqueza”, así el necio se afana. Él mismo no se posee a sí mismo; ¿de dónde entonces hijos, de dónde riqueza?

Puttā matthi dhanammatthi — “tengo hijos, tengo riqueza”: el necio se identifica con sus posesiones y relaciones como si le pertenecieran. Esta identificación proyectada es la raíz del sufrimiento: el “tener” que nunca puede asegurar lo que promete.

Attā hi attano natthi — él mismo no se posee a sí mismo. Esta afirmación filosófica es radical. Si no hay un yo fijo que posea nada, tampoco puede poseer sus relaciones o bienes. La doctrina de anattā aplicada aquí tiene consecuencias prácticas concretas.

Kuto puttā kuto dhanaṃ — ¿de dónde entonces hijos, de dónde riqueza? Si la base misma es insubstancial, todo lo edificado sobre ella lo es también. No es que los hijos no existan — es que la relación de posesión es una ficción que genera sufrimiento.

Este verso no aboga por el abandono de la familia sino por una relación diferente con ella: amor sin posesión, cuidado sin apego compulsivo. La familia como gracia transitoria, no como propiedad permanente.