Dvitīyaḥ paṭalaḥ (Microcosmos) · Verso 39
इत्थं प्रकल्पिते देहे जीवो वसति सर्वगः ।
itthaṃ prakalpite dehe jīvo vasati sarvagaḥ |
Así constituido el cuerpo, el jīva mora en él, omnipresente. Todo lo que se experimenta entre los hombres —placer o dolor— nace del karma. Todos los seres gozan o sufren según los resultados de sus propias acciones.
El verso cierra un ciclo argumentativo: después de describir el cuerpo como cosmos (brahmāṇḍa) y al jīva como agente kármico, el texto afirma que toda experiencia humana —placer y dolor sin excepción— tiene su raíz en el karma. Esta es una declaración de causalidad total: nada en la experiencia vivida es arbitrario ni accidental; todo es fruto de acción previa.
La palabra sarvagaḥ («omnipresente», «que va a todas partes») aplicada al jīva es filosóficamente tensa: si el ser individual es omnipresente, ¿por qué está limitado? La respuesta implícita es que la omnipresencia es su naturaleza esencial, mientras que la limitación es su condición aparente, producida por la identificación con el cuerpo-cosmos y los karmas que lo habitan.
Este verso tiene un paralelo directo con la doctrina del karmaphala («fruto de la acción») presente en la Bhagavadgītā y en los Yoga Sūtras de Patañjali. Sin embargo, el Śivasaṃhitā lo contextualiza dentro de la anatomía sutil tántrica, sugiriendo que la liberación del ciclo kármico no ocurre en abstracto sino precisamente a través del trabajo con el cuerpo sutil descrito en este capítulo.