Yamakavagga · Los pares · Gāthā 7

Subhānupassiṃ viharantaṃ, indriyesu asaṃvutaṃ; bhojanamhi cāmattaññuṃ, kusītaṃ hīnavīriyaṃ, taṃ ve pasahati māro, vāto rukkhaṃva dubbalaṃ.

subhānupassiṃ viharantaṃ, indriyesu asaṃvutaṃ; bhojanamhi cāmattaññuṃ, kusītaṃ hīnavīriyaṃ, taṃ ve pasahati māro, vāto rukkhaṃva dubbalaṃ.

A quien vive contemplando lo agradable, con los sentidos sin control, sin moderación en la comida, perezoso y de escasa energía, Māra lo derriba como el viento a un árbol débil.

Subhānupassiṃ — quien contempla lo agradable como si fuera permanente y satisfactorio — es la primera condición de vulnerabilidad. No se trata de que el placer sea malo, sino de que confundirlo con la fuente real de felicidad crea una expectativa que la realidad inevitablemente defrauda.

Los tres factores que siguen forman una tríada de debilidad espiritual: sentidos sin control (indriyesu asaṃvuta), falta de moderación en la comida (bhojanamhi amattaññu) y pereza (kusīta). La tradición yóguica los reconocería en términos de asaṃyama, atyāhāra e ālasya.

Māra en la tradición budista no es un demonio externo sino la personificación de todo lo que nos aleja del despertar: el deseo, la ilusión, la muerte. Quien vive en la complacencia sensorial sin cultivar el discernimiento es como un árbol de madera podrida: la primera tormenta lo derriba.

La moderación (mattaññutā) en el comer que menciona el Buda es también central en el Haṭha Yoga: mitāhāra, la dieta equilibrada, no como ascetismo sino como reconocimiento de que lo que comemos afecta directamente a la calidad de la mente. Cuerpo y mente no son dos.