Pupphavagga · Las flores · Gāthā 48
Pupphāni heva pacinantaṃ, byāsattamanasaṃ naraṃ; atittaṃ yeva kāmesu, antako kurute vasaṃ.
pupphāni heva pacinantaṃ, byāsattamanasaṃ naraṃ; atittaṃ yeva kāmesu, antako kurute vasaṃ.
A la persona que solo recoge flores, cuya mente está apegada, aún insatisfecha en los placeres sensoriales, el Hacedor-del-fin la pone bajo su dominio.
Atittaṃ yeva kāmesu — aún insatisfecha en los placeres sensoriales. La clave de este verso es la palabra atittaṃ: nunca saciada, siempre hambrienta. Los placeres sensoriales (kāma) tienen la propiedad de alimentar el deseo en lugar de extinguirlo. El que bebe agua de mar tiene más sed.
Antako kurute vasaṃ — el Hacedor-del-fin (antaka, otro nombre para la muerte) la pone bajo su dominio. La insatisfacción crónica con los placeres no es simplemente un problema psicológico: es la puerta por la que entra la muerte. Quien no puede saciarse nunca encuentra descanso, y sin descanso no hay liberación.
Los versos 47 y 48 forman un par deliberado. El 47 describe el aspecto externo: la muerte llega como inundación al que duerme absorto en los placeres. El 48 describe el aspecto interno: el dominio de la muerte sobre quien nunca puede satisfacerse. Muerte exterior e insatisfacción interior son dos caras del mismo apego.
En la tradición yóguica, vairāgya (desapego) no significa falta de disfrute sino ausencia del hambre insaciable. El practicante puede saborear plenamente lo que se presenta porque no necesita que continúe. Esta libertad respecto a la compulsión de los sentidos es precisamente el territorio que describe este vagga.