Prakaraṇa 2 · Verso 15
यथा स्वप्ने मृतः पुत्रो जीवन्न् अपि न दुःखितः
yathā svapne mṛtaḥ putro jīvann api na duḥkhitaḥ
Como en el sueño el hijo muerto, aun vivo, no causa dolor.
La analogía del hijo muerto en sueño es un clásico del prasaṅga budista y vedāntico. En el sueño, el hijo muere; el padre llora, sufre, quizá se despierta con el corazón acelerado. Al despertar, ¿sigue sufriendo? No, porque el hijo del sueño no era satya, real. Pero —aquí está el giro vāsiṣṭhiano— el hijo del estado de vigilia tampoco es satya en sentido absoluto. Ambos son pratibhāsa, apariencias en conciencia. La diferencia no es ontológica sino epistémica: en el sueño sabemos que era sueño; en la vigilia ignoramos que es vigilia-ilusa. El duḥkha no depende del evento, sino de la realidad atribuida al evento. El Aṣṭāvakra Gītā (II.16) dice na te saṃgo ‘sti kenāpi: no tienes relación con nadie. No es cinismo, sino viveka: el reconocimiento de que los vínculos son saṅkalpa, proyecciones mentales. El yogui honra sus relaciones —las vive intensamente en vyavahāra— pero sabe que en paramārtha, nadie nace ni muere: solo cit se manifiesta y se reabsorbe en sí misma.