Yamakavagga · Los pares · Gāthā 10
Yo ca vantakasāvassa, sīlesu susamāhito; upeto dhammadhammena, sa kāsāvamarahati.
yo ca vantakasāvassa, sīlesu susamāhito; upeto dhammadhammena, sa kāsāvamarahati.
Quien ha expulsado las impurezas, está bien establecido en la virtud, posee dominio de sí y veracidad, es digno de la vestidura azafranada.
El espejo positivo del verso anterior. Vantakasāvassa — quien ha vomitado, expulsado las impurezas — usa una imagen corporal intensa: no reprimir las contaminaciones sino eliminarlas completamente, como el cuerpo elimina lo que no puede asimilar.
Sīlesu susamāhito — bien concentrado en la virtud: no como lista de prohibiciones sino como el suelo fértil en que la práctica contemplativa puede florecer. En la tradición budista, sīla (virtud), samādhi (concentración) y pañña (sabiduría) forman una triada inseparable: la virtud estabiliza la mente para la meditación, la meditación aguza el discernimiento, la sabiduría purifica la conducta.
Upeto dhammadhammena — poseyendo el camino del Dhamma: hay una cualidad de integración aquí, de que el Dhamma no es algo externo que se sigue sino algo que se ha incorporado, que ha pasado a formar parte del carácter.
La vestidura azafranada (kāsāva) a la que se es digno no necesita ser literal: es cualquier compromiso público con el camino, cualquier símbolo de pertenencia a una tradición. La dignidad de portarlo viene de la coherencia interna, no de la declaración externa.