Prakaraṇa 3 · Verso 44

समाधिर् न परिच्छिन्नः कश्चिन् नाम परिग्रहः

samādhir na paricchinnaḥ kaścin nāma parigrahaḥ

El samādhi no es nada particular, ninguna posesión con nombre

La tentación de poseer estados —“he alcanzado samādhi”, “estoy en samādhi”— es la última trampa del ego espiritual. Vasiṣṭha desarticula esta posesión: na paricchinnaḥ —no delimitado, no particular, no especificable—. Todo lo que puede nombrarse como “samādhi” es ya experiencia mental, ya objeto de vijñāna —conocimiento dual—. El verdadero samādhi no es experiencia: es la base de toda experiencia, anterior a la dualidad experienciadora-experimentada. Na parigrahaḥ —no posesión— niega la apropiación: no hay “mi samādhi”, no hay “estado que tengo”. El parigraha —posesión— es la raíz del saṅkalpa: todo lo que se posee se debe mantener, defender, repetir. El samādhi como posesión sería contradictorio: sería objeto de apego, fuente de miedo a perderlo, causa de orgullo por tenerlo. La quietud que Vasiṣṭha describe es aparigraha —sin posesión— no como virtud ética sino como imposibilidad ontológica: nadie puede poseer lo que es su propia naturaleza. Es como intentar poseer el espacio que habitas: el espacio no se posee, se es habitado por él. El Yoga Sūtra (I.15) define vairāgya como dṛṣṭa-anuśravika-viṣaya-vitṛṣṇasya vaśīkāra-saṃjñā vairāgyam —el desapego de lo visto y oído—, pero Vasiṣṭha completa: incluso el desapego del samādhi como objeto es necesario para que la quietud sea genuina.