Dvitīyaḥ paṭalaḥ (Microcosmos) · Verso 42

ये ये कामादयो दोषाः सुखदुःखप्रदायकाः ।

ye ye kāmādayo doṣāḥ sukhaduḥkhapradāyakāḥ |

Los defectos como el deseo, que otorgan placer y dolor, actúan conforme al karma previo del jīva. En proporción a la fuerza de su karma, el ser sufre o goza. El jīva que ha acumulado exceso de mal nunca halla paz; no está separado de sus karmas; fuera del karma, nada existe en este mundo. Todo ha surgido de la Inteligencia velada por māyā.

El verso cierra el ciclo con el polo negativo: el jīva cargado de karma pernicioso (pāpakarma) nunca encuentra reposo. La frase final es filosóficamente densa: «fuera del karma, nada existe en este mundo», y todo ha emergido de la Inteligencia (cit) velada por māyā. El karma no es solo ley moral sino el tejido mismo de la manifestación.

Kāmādayo doṣāḥ —«los defectos que comienzan por el deseo»— retoma la enumeración clásica de las perturbaciones (kleśas en la terminología sāṃkhya-yoga, doṣas aquí). Māyā designa el poder ilusorio que vela la naturaleza real de la Inteligencia pura (cit o brahman): no es mera ilusión subjetiva sino el principio cosmológico que genera la multiplicidad fenoménica a partir de la unidad absoluta.

La conclusión —que todo emerge de la Inteligencia velada por māyā— ancla el texto en el no-dualismo tántrico: el mundo no es irreal, sino que es brahman manifestado bajo el velo de māyā. La práctica del yoga, desde esta perspectiva, es el proceso de levantar ese velo: no para escapar del mundo, sino para percibir la Inteligencia que lo sustenta y lo constituye.