Caturthaḥ paṭalaḥ (Mudrā) · Verso 34

वाञ्छितार्थफलं सौख्यमिन्द्रियाणाञ्च मारणम्। एतदुक्तानि सर्वाणि योगारूढस्य योगिनः ।

vāñchitārthaphalaṃ saukhyamindriyāṇāñca māraṇam| etaduktāni sarvāṇi yogārūḍhasya yoginaḥ |

El fruto deseado, la felicidad y el dominio de los sentidos — todo ello pertenece al yogui establecido en el yoga.

Este verso resume la promesa central del cuarto capítulo: quien ha alcanzado el estado de yogārūḍha —literalmente «montado en el yoga», firmemente establecido— no persigue los frutos sino que los recibe de manera natural. La enumeración no es casual: primero el deseo cumplido, luego la felicidad y finalmente el dominio sensorial, siguiendo la progresión misma del sādhana.

El compuesto vāñchitārthaphala reúne vāñchita (deseado, anhelado) con artha (propósito, objetivo) y phala (fruto, resultado), subrayando que la práctica no suprime el deseo sino que lo sublima hasta coincidir con el orden cósmico. Yogārūḍha —del verbo ā-ruh, ascender— designa al practicante que ya no hace yoga sino que es yoga, que ha convertido la práctica en su naturaleza misma.

En la tradición del Śivasaṃhitā, este verso funciona como bisagra doctrinal: cierra la sección sobre los beneficios de la Gran Mudrā y abre la perspectiva más amplia del capítulo sobre mudrās y bandhas. Los maestros medievales de hatha yoga insistían en que el dominio de indriya —los órganos de percepción y acción— no procede de la represión ascética sino del establecimiento profundo en el estado yóguico.