Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 133
ततो द्वयमिह मध्ये तु वाराणसीति चिन्तयेत्। तदाकारा पिङ्गलापि तदाज्ञाकमलोत्तरे ।
tato dvayamiha madhye tu vārāṇasīti cintayet| tadākārā piṅgalāpi tadājñākamalottare |
Luego, entre ambas, se debe contemplar el lugar llamado Vārāṇasī. Piṅgalā también adquiere esa forma; por encima del loto de la ājñā.
Vārāṇasī, la ciudad sagrada donde confluyen el Gaṅgā y el Varuṇā, se convierte aquí en símbolo del punto de unión entre iḍā y piṅgalā, las dos corrientes energéticas principales. Este centro de convergencia no es un lugar geográfico sino un estado interior al que el yogin accede mediante la meditación concentrada y sostenida sobre el espacio entre las nāḍīs.
El término cintayet (‘debe contemplar’, del verbo cint-) es significativo: no se trata de visualización pasiva sino de una meditación activa y deliberada. Piṅgalā, cuyo nombre evoca el color dorado-rojizo del sol, representa la corriente solar, masculina y activa. Su convergencia con iḍā por encima del ājñācakra señala el umbral donde las dualidades se disuelven en la suṣumnā.
La elección de Vārāṇasī como metáfora no es casual: esta ciudad es considerada el punto donde Śiva mismo habita eternamente y donde los muertos alcanzan la liberación. Al interiorizar esta geografía sagrada, el texto transforma el cuerpo del practicante en un tīrtha viviente, haciendo innecesario el peregrinaje exterior.