Prakaraṇa 3 · Verso 30

शमो ऽयं परमो धर्मो यतो नान्यत् परमं सुखम्

śamo 'yaṃ paramo dharmo yato nānyat paramaṃ sukham

Esta quietud es el dharma supremo, porque no hay mayor felicidad que ella

La aserción de que śama es paramo dharma —el dharma supremo— sitúa la quietud no como técnica sino como fundamento de toda vida virtuosa. El dharma en sentido clásico es orden cósmico, deber ético, naturaleza propia de cada ente. Vasiṣṭha afirma que este orden no es impuesto desde fuera sino reconocido desde la quietud. Un dharma practicado desde la agitación mental es violencia velada: se cumple deber por obligación, con resentimiento o arrogancia. El mismo acto —dar limosna, decir verdad, cumplir promesa— realizado desde śama no es “más virtuoso” moralmente: es natural, sin el esfuerzo de quien se esfuerza por ser bueno. El parama-sukha —felicidad suprema— que sigue no es placer intenso ni éxtasis místico. Es la ausencia de insatisfacción que acompaña a todo estado placentero ordinario. Todo placer trae consigo la semilla del miedo a perderlo; el śama no tiene contrario que temer. No es placer en el sentido de experiencia positiva: es el cese de la demanda de experiencia. Cuando no se demanda, lo que es —lo que siempre fue— se revela como suficiente. No suficiente para algo: simplemente suficiente, como el espacio es suficiente para contener todo sin esfuerzo.