Prakaraṇa 5 · Verso 28

यथा राजहंसस् तीर्थं न त्यजेद् भङ्गुरं यथा । तथा जीवन्मुक्तात्मानं न त्यजन्ति गुणाः क्वचित् ॥

yathā rājahaṃsas tīrthaṃ na tyajed bhaṅguraṃ yathā | tathā jīvanmuktātmānaṃ na tyajanti guṇāḥ kvacit ||

Así como el cisne real no abandona el lago, o como lo que es curvo no se endereza, así los guṇas nunca abandonan al jīvanmukta.

Las dos analogías operan en direcciones opuestas. El cisne real (rājahaṃsa) que no abandona el lago —tīrtha— ilustra la permanencia natural: el cisno pertenece al agua, no puede vivir fuera de ella. Los guṇas pertenecen al jīvanmukta no como invitados sino como su propia naturaleza manifestada. El curvo que no se endereza (bhaṅgura) ilustra la imposibilidad: los guṇas no pueden abandonar al jīvanmukta porque no están separados de él.

La lectura no es quietista: los guṇas continúan operando —sattva, rajas, tamas siguen presentes— pero ya no producen apego ni aversión. El jīvanmukta no es alguien sin guṇas; es alguien para quien los guṇas son como colores en un cristal: presentes pero no adherentes, visibles pero no definitorios.

El Bhagavad Gītā (XIV.23-25) describe al guṇātīta —el que ha trascendido los guṇas— como aquel que “no odia la aparición ni desea la desaparición” de los guṇas, que “permanece como testigo”. El Laghu Yoga Vāsiṣṭha va un paso más allá: no dice que el jīvanmukta “trascienda” los guṇas en sentido de elevación o separación, sino que los guṇas no pueden abandonarlo porque nunca estuvieron separados. La trascendencia no es salida sino reconocimiento de no-salida.