Prakaraṇa 5 · Verso 50

यथाम्भसि स्थितं बीजं विकारं लभते न हि । तथा ब्रह्माणि संसारो न विकारं लभते क्वचित् ॥

yathāmbhasi sthitaṃ bījaṃ vikāraṃ labhate na hi | tathā brahmāṇi saṃsāro na vikāraṃ labhate kvacit ||

Así como la semilla sumergida en agua no adquiere transformación, así en Brahman el saṃsāra nunca adquiere transformación.

El verso final del Bhramara Prakaraṇa retoma la analogía de 5.18 pero con una variación que cierra el círculo: la semilla en el agua no se transforma. En 5.18 se decía que el universo parece transformarse pero Brahman no; aquí se dice que el saṃsāra mismo —visto desde Brahman— no se transforma. La diferencia es sutil pero decisiva: no es que Brahman esté inmutable mientras el mundo cambia; es que el mundo, visto correctamente, tampoco cambia.

“Na vikāraṃ labhate kvacit” —nunca adquiere transformación en ningún lugar— es la visión del jīvanmukta. Para él, el mundo no es proceso de cambio sino manifestación inmutable de lo inmutable. Las apariencias cambian; la realidad subyacente no. Pero incluso las apariencias, vistas desde la perspectiva de la realidad, son modos de lo inmutable, no transformaciones de algo que era mutable.

Esta es la visión del saguṇa desde la perspectiva del nirguṇa: el mundo sagrado no es transformación de lo profano sino revelación de lo siempre sagrado. El Bhramara —la experiencia de Brahman— no transforma al experimentador; lo revela como siempre fue. El yogī que termina este prakaraṇa no ha “aprendido” nada nuevo; ha dejado de ignorar lo que siempre supo. Como dice el Aṣṭāvakra Gītā (I.10): “Si crees que estás libre, eres libre. Si crees que estás atado, estás atado. He aquí una verdad que atrapa: lo que uno piensa, eso se vuelve”. El saṃsāra no se transforma en liberación; se revela como nunca fue diferente de ella.