Caturthaḥ paṭalaḥ (Mudrā) · Verso 31

शिवसंहिता अनेन विधिना योगी मन्दभाग्योऽपि सिध्यति ।

śivasaṃhitā anena vidhinā yogī mandabhāgyo'pi sidhyati |

El sabio yogui, sentado en la postura de vajrasana, en un lugar libre de toda perturbación, debe fijar firmemente su mirada en el punto entre las dos cejas; e invirtiendo la lengua hacia atrás, colocarla en la cavidad debajo de la epiglotis, situándola con gran cuidado en la boca del pozo del néctar (es decir, cerrando el paso del aire). Esta mudra, descrita por mí a petición de mis devotos, es la Khecharimudra.

Esta postura requiere una concentración profunda y una alineación precisa del cuerpo para activar los centros energéticos superiores. La fijación de la mirada en el punto entre las cejas, conocido como el tercer ojo, es fundamental para dirigir la energía hacia estados elevados de conciencia. La inversión de la lengua y su colocación en la epiglotis simboliza el control sobre los impulsos vitales y la trascendencia de los límites físicos.

El término Khecharimudra combina ‘khe’ (espacio o cielo), ‘chara’ (movimiento) y ‘mudra’ (gesto o sello), lo que sugiere un gesto que permite el movimiento en el espacio sutil. Esta práctica está diseñada para despertar la energía latente y facilitar la experiencia de estados expandidos de conciencia, permitiendo al practicante trascender las limitaciones ordinarias del cuerpo y la mente.

Históricamente, esta mudra ha sido considerada una de las prácticas más avanzadas en el hatha yoga, requiriendo años de preparación y disciplina. Los textos clásicos la describen como una técnica que no solo transforma la experiencia física, sino que también abre la puerta a realidades sutiles, permitiendo al yogui experimentar estados de conciencia que trascienden el plano material ordinario.