Yamakavagga · Los pares · Gāthā 13

Yathā agāraṃ ducchannaṃ, vuṭṭhī samativijjhati; evamevaṃ abhāvitaṃ cittaṃ, rāgo samativijjhati.

yathā agāraṃ ducchannaṃ, vuṭṭhī samativijjhati; evamevaṃ abhāvitaṃ cittaṃ, rāgo samativijjhati.

Como la lluvia penetra en una casa con techo mal cubierto, así la pasión penetra en la mente no cultivada.

La imagen del techo mal cubierto es perfecta para describir la mente sin entrenamiento. Ducchannaṃ — mal techado, con huecos: una casa así se defiende del buen tiempo pero es indefensa ante la lluvia. Una mente sin práctica (abhāvitaṃ — no cultivada, no desarrollada) está igual de desprotegida ante las pasiones (rāga).

Rāga — pasión, deseo ávido, apego teñido de urgencia — no es simplemente sentir atracción. Es esa cualidad obsesiva que convierte el gusto en necesidad, el interés en compulsión, el placer en dependencia. Una mente no cultivada no puede distinguir bien entre el deseo natural y el rāga parasitario.

Bhāvanā — cultivo, desarrollo — es precisamente el trabajo de reparar el techo. La meditación no elimina las pasiones por represión; crea una estructura mental suficientemente sólida para que no gobiernen. El practicante no deja de sentir atracción; simplemente deja de ser arrastrado por ella.

La metáfora de la casa también sugiere que la práctica es trabajo de mantenimiento, no de construcción puntual. Un techo bien reparado sigue necesitando revisión periódica. La estabilidad mental no se conquista de una vez; se mantiene con práctica continua.