Cittavagga · La mente · Gāthā 37

Dūraṅgamaṃ ekacaraṃ, asarīraṃ guhāsayaṃ; ye cittaṃ saṃyamessanti, mokkhanti mārabandhanā.

dūraṅgamaṃ ekacaraṃ, asarīraṃ guhāsayaṃ; ye cittaṃ saṃyamessanti, mokkhanti mārabandhanā.

Los que controlan la mente, que va lejos, que viaja sola, que es incorporea y mora en la caverna del corazón, quedan liberados de las ataduras de Māra.

Dūraṅgamaṃ — que va lejos: la mente puede viajar al pasado más remoto y al futuro más lejano en el instante de un pensamiento. Esta capacidad de rango extendido es la grandeza y el peligro de la mente: puede contemplar los confines del universo o perderse en fantasías infructuosas.

Ekacaraṃ — que viaja sola: la mente tiene su propia vida, su movimiento autónomo. Los pensamientos surgen sin que los convoquemos; las imágenes aparecen sin que las invitemos. Esta “soledad” de la mente, su autonomía relativa, es lo que hace el entrenamiento tan necesario y tan desafiante.

Asarīraṃ guhāsayaṃ — incorporea, que mora en la caverna del corazón: guhā (caverna) es un término que también aparece en los Upanishads para el lugar donde mora el Ātman. La mente no tiene localización física definitiva; su “morada” es una caverna interior, el espacio de la consciencia misma.

Ye cittaṃ saṃyamessanti, mokkhanti mārabandhanā — quienes controlan la mente quedan liberados de las ataduras de Māra: mokkhanti es el verbo de la liberación, de la emancipación. El dominio de la mente no es un medio para otro fin; es la liberación misma. Controlar la mente y liberarse del condicionamiento son, en el fondo, lo mismo.