Tṛtīyaḥ paṭalaḥ (Sādhana) · Verso 60

शिवसंहिता

śivasaṃhitā

A través del ejercicio continuado, el yogin alcanza la paricayāvasthā. Cuando el aire, habiendo abandonado el sol y la luna —las fosas nasales derecha e izquierda— permanece inmóvil y estable en el éter del tubo suṣumnā, se está en el estado de paricaya.

La paricayāvasthā tiene una definición técnica exquisita en este verso: el vāyu (aire, prāṇa) que normalmente alterna entre iḍā y piṅgalā —luna y sol, fosas nasal izquierda y derecha— se estabiliza en suṣumnā, el canal central que corre por el eje de la columna vertebral. Ya no hay alternancia: el prāṇa ha encontrado su cauce natural, el canal real que la dualidad de iḍā y piṅgalā siempre ocultaba.

Paricaya (conocimiento íntimo, familiaridad profunda) es el término que da nombre a esta etapa. No es el conocimiento conceptual sino la familiaridad vivida, la que emerge de una convivencia tan prolongada con algo que su naturaleza se hace transparente. El yogin en paricayāvasthā conoce el prāṇa como un amigo íntimo al que ya no necesita controlar: simplemente vive con él.

El «éter del tubo suṣumnā» (suṣumnānāḍīākāśa) es uno de los conceptos más específicos del yoga tántrico. Ākāśa (éter, espacio) dentro del canal suṣumnā no es el éter ordinario sino el cidākāśa, el espacio de conciencia pura. Cuando el prāṇa se mueve por ese espacio, no encuentra la resistencia de los nodos (granthis) que obstaculizan la circulación en los canales laterales. El movimiento se vuelve libre, sin fricción, natural.