Tṛtīyaḥ paṭalaḥ (Sādhana) · Verso 59
पूर्वाजितानि पापानि पुण्यानि विविधानि च ।
pūrvājitāni pāpāni puṇyāni vividhāni ca |
Los pecados y los diversos méritos adquiridos previamente [son destruidos]. Cuando mediante la gran práctica el yogin puede realizar un kumbhaka de tres horas completas, ese sabio puede equilibrarse sobre su pulgar — aunque a los demás les parece insensato.
La destrucción de pāpa (pecado, karma negativo) y puṇya (mérito, karma positivo) es igualmente notable: el prāṇāyāma no solo elimina lo malo acumulado sino también lo bueno. Esto puede parecer desconcertante hasta que se comprende la visión tántrica: tanto el karma positivo como el negativo son ataduras, cadenas que vinculan al jīvātman al ciclo de nacimiento y muerte. El yogin no busca acumular más karma bueno sino trascender el mecanismo kármico por completo.
El yogin que se equilibra sobre su pulgar durante tres horas de kumbhaka y parece insano a los observadores —esta imagen tiene una honestidad psicológica notable—. El practicante avanzado opera en un estado de conciencia tan ajeno a los parámetros ordinarios que el lenguaje social no tiene categoría para él excepto la de la locura. Los grandes siddhas indios eran frecuentemente marginados socialmente por comportamientos que la comunidad ordinaria no podía interpretar.
La paricayāvasthā (tercera etapa, la del conocimiento íntimo) que comienza aquí es el estado en que el prāṇa abandona los canales iḍā y piṅgalā y se estabiliza en suṣumnā. La práctica ya no requiere esfuerzo direccional: el aliento fluye solo por el canal central. Es el umbral donde el yoga técnico cede paso a la espontaneidad del estado de conciencia expandida.