Yamakavagga · Los pares · Gāthā 1
Manopubbaṅgamā dhammā, manoseṭṭhā manomayā; manasā ce paduṭṭhena, bhāsati vā karoti vā, tato naṃ dukkhamanveti, cakkaṃva vahato padaṃ.
manopubbangamā dhammā, manoseṭṭhā manomayā; manasā ce paduṭṭhena, bhāsati vā karoti vā, tato naṃ dukkhamanveti, cakkaṃva vahato padaṃ.
La mente precede a todos los fenómenos, la mente los domina, la mente los crea. Si alguien habla o actúa con mente impura, el sufrimiento le seguirá como la rueda sigue al buey.
Manopubbaṅgamā — “la mente que va delante”. El Dhammapada abre con una declaración radical: no son los actos externos los que generan sufrimiento, sino la cualidad mental que los precede. Mano, la mente, es la fuente, la señora y la artesana de toda experiencia.
La imagen de la rueda (cakka) siguiendo al buey es precisa: el animal no puede escapar de sus propias huellas. Así, quien actúa desde una mente turbia (paduṭṭha — contaminada, perturbada) arrastra consigo las consecuencias inevitablemente. No como castigo externo, sino como ley natural: la acción impura produce sufrimiento con la misma precisión mecánica con que la rueda sigue el surco que abre el buey.
En la práctica del yoga, esta enseñanza resuena con el concepto de saṃskāra: los surcos impresos en la mente por acciones repetidas. Cada pensamiento deja una huella; cada huella facilita el siguiente pensamiento en esa dirección. Por eso la práctica no comienza en la esterilla sino en la atención continua a la calidad de la mente.
La tradición budista y la yóguica coinciden aquí: el trabajo fundamental no es de posturas ni de rituales, sino de transformar la actitud mental que precede a toda acción. Cuando la raíz es pura, el árbol entero florece en libertad.