Attavagga · El yo · Gāthā 166
Yassa accantadussīlyaṃ, māluvā sālamivotthataṃ; karoti so tathattānaṃ, yathā naṃ icchatī diso.
Yassa accantadussīlyaṃ, māluvā sālamivotthataṃ; karoti so tathattānaṃ, yathā naṃ icchatī diso.
Aquel cuya inmoralidad es extrema, como la enredadera que envuelve al árbol sal, se hace a sí mismo lo que su enemigo le desearía.
Yassa accantadussīlyaṃ — aquel cuya inmoralidad es extrema: accanta es total, extremo; dussīlya es falta de virtud, conducta inmoral. No el fallo moral ocasional sino el carácter corrupto que permea toda la vida.
Māluvā sālamivotthataṃ — como la enredadera que envuelve al árbol sal: māluvā es la planta parasitaria, la liana. El sāla (Shorea robusta) es un árbol noble y fuerte de la India. La enredadera lo abraza, lo cubre, eventualmente lo estrangula. La planta parásita no destruye de golpe: lo hace gradualmente, abrazando.
Karoti so tathattānaṃ yathā naṃ icchatī diso — se hace a sí mismo lo que su enemigo le desearía: diso es el enemigo. La autodestrucción por falta de virtud es exactamente lo que un enemigo desearía que te pasara. No necesitas enemigos externos cuando tu propia inmoralidad te destruye con más eficacia que cualquier adversario.
Este verso cierra el vagga del yo con la imagen de la autodestrucción por inmoralidad. El yo es su propio señor (160), su propio purificador (161) y, si no se cuida, su propio destructor.