Lokavagga · El mundo · Gāthā 177

Na ve kadariyā devalokaṃ vajanti, bālā have nappasaṃsanti dānaṃ; dhīro ca dānaṃ anumodamāno, teneva so hoti sukhī parattha.

Na ve kadariyā devalokaṃ vajanti, bālā have nappasaṃsanti dānaṃ; dhīro ca dānaṃ anumodamāno, teneva so hoti sukhī parattha.

Los avaros no van al cielo de los dioses, los necios no alaban la generosidad; pero el sabio que se alegra de la generosidad, por eso mismo es feliz en el más allá.

Na ve kadariyā devalokaṃ vajanti — los avaros no van al cielo: kadariya es el avaro, el mezquino. La generosidad (dāna) es la primera de las perfecciones (pāramī) budistas. Su ausencia cierra la puerta a los renacimientos afortunados.

Bālā have nappasaṃsanti dānaṃ — los necios no alaban la generosidad: el necio no valora dāna porque no comprende la dinámica del karma. Para él, dar es perder. No puede ver que dar es la inversión más rentable del universo moral.

Dhīro ca dānaṃ anumodamāno — pero el sabio que se alegra de la generosidad: anumodamāna es alegrarse de, regocijarse en. El sabio no solo practica la generosidad — se alegra de ella. Esta alegría (muditā) multiplicada es en sí misma una práctica meritoria.

Teneva so hoti sukhī parattha — por eso mismo es feliz en el más allá: la generosidad gozosa produce frutos de bienestar no solo en esta vida sino también en renacimientos futuros. La lógica del karma recompensa tanto el acto como la actitud.