Yamakavagga · Los pares · Gāthā 17
Idha tappati pecca tappati, pāpakārī ubhayattha tappati; 'pāpaṃ me katan'ti tappati, bhiyyo tappati duggatiṃ gato.
idha tappati pecca tappati, pāpakārī ubhayattha tappati; 'pāpaṃ me katan'ti tappati, bhiyyo tappati duggatiṃ gato.
Aquí sufre, después sufre: quien obra el mal sufre en ambos mundos. ‘He obrado el mal’, sufre; y más aún sufre al ir a un estado inferior.
Donde el verso 15 hablaba de lamento (socati), este habla de tormento (tappati — quemar, asar, sufrir con ardor). La diferencia es de intensidad: no solo tristeza reflexiva sino quemadura interna. Pāpaṃ me katan’ti — “he obrado el mal”: la conciencia del acto impuro no da paz.
Duggatiṃ gato — quien ha ido a un estado de caída: en cosmología budista literal, un reino de sufrimiento. En términos psicológicos inmediatos: el estado mental de quien vive con la conciencia de haber traicionado sus propios valores. No hay peor prisión que la autocondena sin posibilidad de transformación.
La diferencia entre este tormento y el arrepentimiento sano es importante. El arrepentimiento genuino reconoce el error, lo lamenta, determina no repetirlo y sigue adelante. El tormento aquí descrito es el que se queda atrapado en el reconocimiento sin la resolución. Tappati sin pārisuddhi (purificación) es rueda que gira sin avanzar.
La práctica espiritual ofrece el camino del arrepentimiento genuino (āpatti-paṭidesanā) como forma de liberar la energía atrapada en la culpa y redirigirla hacia el cambio real.