Cittavagga · La mente · Gāthā 42

Na taṃ mātā pitā kayirā, aññe vāpi ca ñātakā; sammāpaṇihitaṃ cittaṃ, seyyaso naṃ tato kare.

na taṃ mātā pitā kayirā, aññe vāpi ca ñātakā; sammāpaṇihitaṃ cittaṃ, seyyaso naṃ tato kare.

Lo que una madre, un padre u otros parientes no pueden hacer, la mente bien dirigida puede hacerlo mejor aún.

El par luminoso del verso anterior. Mātā pitā — madre, padre: las figuras del mayor amor humano, del cuidado más desinteresado. Lo que ellos pueden dar — protección, sustento, amor, orientación — es inmenso. Y sin embargo, la mente bien dirigida puede hacer seyyaso — más todavía, mejor todavía.

Sammāpaṇihitaṃ — bien dirigida, bien orientada: sammā es la misma raíz que en el Óctuple Noble Sendero. La mente orientada hacia la comprensión correcta, hacia la benevolencia, hacia la práctica genuina, se convierte en el mayor amigo que puede tener el ser.

La enseñanza es que la fuente última del bienestar no está en las condiciones externas, por favorables que sean, sino en la orientación de la mente. Incluso el amor materno no puede proteger de las consecuencias de una mente mal orientada; incluso la circunstancia más adversa no puede destruir la paz de una mente bien cultivada.

Este verso y el anterior encuadran la práctica contemplativa en su real dimensión: no un lujo espiritual sino la herramienta más poderosa de bienestar que existe. La mente bien orientada es el mejor regalo que podemos hacernos y hacerle al mundo.