Cittavagga · La mente · Gāthā 43

Na taṃ mātā pitā kayirā, aññe vāpi ca ñātakā; sammāpaṇihitaṃ cittaṃ, seyyaso naṃ tato kare.

na taṃ mātā pitā kayirā, aññe vāpi ca ñātakā; sammāpaṇihitaṃ cittaṃ, seyyaso naṃ tato kare.

Ni la madre, ni el padre, ni ningún otro pariente: la mente bien dirigida hace más bien que todos ellos.

Este verso es el cierre del vagga de la mente y repite el mensaje central del verso anterior con mayor concisión. La mente (citta) es el protagonista absoluto del Dhammapada: cada vagga vuelve a ella, cada enseñanza apunta a ella.

La tradición contemplativa — budista, yóguica, sufí, mística cristiana — converge en esta enseñanza: el reino interior es la prioridad. No porque el mundo exterior no importe, sino porque la calidad de nuestra presencia en el mundo depende de la calidad de la mente con que lo habitamos.

Sammāpaṇihita como atributo de la mente: bien orientada no significa rígida sino que tiene dirección, tiene norte. El norte es la liberación del sufrimiento, el bienestar de todos los seres, la verdad de la realidad. Con ese norte claro, cada circunstancia se convierte en ocasión de práctica.

El tercer vagga nos deja con la mente como punto de partida, como camino y como destino. Trabajar la mente no es egoísmo espiritual; es la contribución más fundamental que podemos hacer al tejido de la existencia compartida.