Pāpavagga · El mal · Gāthā 125
Yo appaduṭṭhassa narassa dussati, suddhassa posassa anaṅgaṇassa; tam eva bālaṃ pacceti pāpaṃ, sukhumo rajo paṭivātaṃva khitto.
Yo appaduṭṭhassa narassa dussati, suddhassa posassa anaṅgaṇassa; tam eva bālaṃ pacceti pāpaṃ, sukhumo rajo paṭivātaṃva khitto.
El que insulta a un hombre sin falta, puro y sin mancha, el mal vuelve sobre ese necio como el polvo fino arrojado contra el viento.
Yo appaduṭṭhassa narassa dussati — el que insulta a un hombre sin falta: appaduṭṭha es sin maldad, sin impureza. La persona pura, sin rencor ni intención dañina. Intentar dañar a tal persona es un acto especialmente contraproducente.
Suddhassa posassa anaṅgaṇassa — puro y sin mancha: tres adjetivos que acumulan la descripción de la pureza. Suddha (puro), anaṅgaṇa (sin mancha, sin defecto). Esta triple calificación subraya la impotencia del mal para dañar a quien genuinamente no tiene “heridas”.
Sukhumo rajo paṭivātaṃva khitto — como el polvo fino arrojado contra el viento: la imagen es perfecta. El polvo arrojado contra el viento vuelve sobre quien lo arroja. El insulto o la agresión dirigidos contra el puro vuelve sobre el agresor.
Este verso no es una promesa de protección mágica para los virtuosos sino la descripción de una dinámica psicológica real: el que ataca sin razón genuina lo hace desde sus propias perturbaciones, y esas perturbaciones le pertenecen a él.