Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 117
ध्यानं करोति यो नित्यं स योगीश्वरपण्डितः । किन्त्वस्य योगिनोऽन्यत्र विशुद्धाख्ये सरोरुहे ।
dhyānaṃ karoti yo nityaṃ sa yogīśvarapaṇḍitaḥ | kintvasya yogino'nyatra viśuddhākhye saroruhe |
Aquel que practica la meditación constantemente es el verdadero maestro entre los yoguis. Y para ese yogui que contempla el loto llamado viśuddha, en el momento de la muerte, al abandonar esta vida, el santo es absorbido en el Paramātmā.
Este verso eleva la práctica de la meditación constante al nivel más alto de maestría espiritual: el yogīśvara, señor de los yoguis, es precisamente quien no abandona la contemplación. No basta con meditar ocasionalmente; la cualidad de nitya —perpetua, sin interrupción— distingue al verdadero practicante del mero conocedor intelectual de las doctrinas.
Saroruha es un sinónimo poético de loto, literalmente ‘el que emerge del lago’, reforzando la imagen del viśuddha como flor que surge de las aguas de la existencia corporal. Paramātmā, el Ser Supremo universal, aparece aquí como el destino final: la absorción (laya) en lo absoluto que aguarda al yogui que muere en estado de contemplación activa.
La idea de morir en meditación sobre un chakra específico tiene paralelos en el Bhagavad Gītā (8.5-10), donde Kṛṣṇa describe cómo el estado mental en el momento de la muerte determina el destino del alma. El viśuddha, como umbral entre lo individual y lo cósmico, resulta un punto de concentración especialmente adecuado para esa transición final.