Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 37
तत्तेजो दृश्यते येन क्षणमात्रं निराकुलम्।
tattejo dṛśyate yena kṣaṇamātraṃ nirākulam|
Quien ve esa luz durante tan solo un instante, sin perturbación, queda libre de pecado y alcanza el fin supremo.
La expresión kṣaṇamātram —“durante tan solo un instante”— es sorprendente por su accesibilidad: no se requiere una contemplación prolongada de horas o días, sino la percepción clara de la luz interna durante un único kṣaṇa (instante). Esto señala que la transformación que produce la visión del teja (luz resplandeciente) no es proporcional al tiempo sino a la calidad de la percepción: un instante de visión auténtica pesa más que horas de práctica mecánica.
Teja —“brillo”, “resplandor”, “energía radiante”— es diferente del simple jyoti (luz): tiene la connotación de calor radiante, poder transformador. Nirākula —“sin perturbación”, “sin agitación”— califica la visión: no basta ver destellos de luz en la mente agitada; la visión debe ocurrir en un estado de quietud genuina. Esta condición de calma (śānta) es a la vez requisito y resultado de la práctica correcta de kumbhaka.
La idea de que un solo instante de percepción genuina basta para transformar radicalmente al practicante tiene precedentes en el budismo Zen (satori) y en el Advaita Vedānta (nirvikalpa samādhi). En la tradición Śaiva, este instante se llama spanda —la vibración primordial de la conciencia— y su reconocimiento, aunque fugaz, deja una huella imborrable en la estructura de la mente. La práctica posterior consolida lo que ese instante reveló.