Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 66
ज्योतिः पश्यति योगीन्द्रः शुद्धं शुद्धाचलोपमम्।
jyotiḥ paśyati yogīndraḥ śuddhaṃ śuddhācalopamam|
El rey de los yogins ve la luz pura, semejante a la pura montaña [Kailāsa]; contemplando esta luz de día y de noche, conoce el pasado, el presente y el futuro.
Yogīndra —“el rey de los yogins”, de yogin e indra (señor, rey)— designa al practicante que ha alcanzado el nivel más elevado de la jerarquía descrita en los versos anteriores: el adhimātratara que practica todos los yogas. La jyoti (luz) que este practicante supremo ve es śuddha (pura) y śuddhācalopamā —comparable al puro monte Kailāsa—. Kailāsa, la montaña sagrada del Tibet donde reside Śiva, es el símbolo de la permanencia, la pureza y la inaccessibilidad de lo divino.
El conocimiento del tiempo —pasado, presente y futuro— como resultado de la contemplación de la luz interna es un siddhi específico descrito en el Yogasūtra de Patañjali (III.16-17) como resultado del saṃyama (concentración+meditación+absorción) sobre el tiempo. El Śivasaṃhitā lo presenta como consecuencia natural de ver la luz del ājñācakra: la percepción del tiempo se transforma cuando la conciencia se libera de su condicionamiento temporal. El pasado y el futuro se vuelven accesibles desde el presente eterno de la conciencia pura.
La metáfora de Kailāsa como referente de la pureza de la luz interna tiene dimensiones múltiples: la montaña es acala (inmóvil), símbolo de la estabilidad del ātman frente al movimiento perpetuo del manas; es blanca como la nieve, símbolo de la transparencia de la conciencia liberada; y es śuddha (pura), libre de cualquier contaminación. Que la luz que el yogin supremo ve sea comparable a Kailāsa implica que ha accedido a la dimensión del Ser que Śiva mismo habita.