Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 67
उत्तानशयने भूमौ सुप्त्वा ध्यायन्निरन्तरम्।
uttānaśayane bhūmau suptvā dhyāyannirantaram|
Acostado boca arriba en el suelo, meditando incesantemente: en su lengua danza siempre la diosa del saber, y obtiene la mantra-siddhi mediante la repetición constante.
Uttānaśayana —“tumbado boca arriba”— es una postura meditativa inusual en los textos yóguicos, que habitualmente prescriben posiciones sentadas. La práctica de meditar en śavāsana (postura del cadáver) o posición supina conecta con las prácticas de yoga nidrā —la meditación en el estado hipnagógico entre vigilia y sueño—. La instrucción de meditar incesantemente (nirantaram) incluso en esta postura reitera el principio de que el estado meditativo debe permear todos los estados de conciencia.
Que “la diosa del saber” —Sarasvatī o Vāgīśvarī, la señora del habla— “dance en la lengua” es imagen poética precisa: el practicante que ha desarrollado la mantra-siddhi experimenta que las palabras correctas llegan espontáneamente, sin esfuerzo cognitivo deliberado. La lengua se convierte en instrumento de la diosa, no del ego. Esta experiencia de hablar desde un estado de claridad que trasciende el cálculo racional es característica de los grandes maestros en todas las tradiciones contemplativas.
Mantra-siddhi —“perfección/éxito en el mantra”— es resultado específico de la práctica de japa (repetición del mantra). No ocurre por mero número de repeticiones sino por la penetración progresiva del sonido en todos los niveles del ser: cuando el mantra ha penetrado desde el nivel vaikharī (vocal) hasta el parā (silencio puro), se dice que ha alcanzado su siddhi. En ese punto, el mantra no es ya algo que el practicante recita sino algo que él es.