Prakaraṇa 3 · Verso 47
यस्मिन् स्थिते न दुःखेन न सुखेन च लिप्यते
yasmin sthite na duḥkhena na sukhena ca lipyate
En el cual, establecido, no se contamina ni por sufrimiento ni por placer
El verbo lip —contaminar, manchar, adherirse— es técnico en filosofía india. No indica simple contacto sino adhesión kármica: el residuo que queda cuando la experiencia deja huella en la mente, formando vāsanā que condicionará futuras experiencias. El duḥkha deja huella de aversión; el sukha, de apego. Ambas son kleśas —aflicciones— que perpetúan el saṃsāra. Vasiṣṭha no promete insensibilidad: el tattva-jña siente dolor físico, experimenta placer sensorial. Pero no se contamina —na lipyate— porque no hay quien sea contaminado. El dolor ocurre, pero no ocurre a alguien; el placer surge, pero no es de alguien. Como el cielo no se mancha por las nubes que lo cruzan, la conciencia no se mancha por las experiencias que aparecen en ella. El Yoga Sūtra (I.3) describe draṣṭuḥ svarūpe ‘vasthānam —el testigo establecido en su propia forma—, pero Vasiṣṭha va más allá: no hay testigo que se establezca, solo la imposibilidad de que lo real se manche. La quietud no es inmunidad adquirida: es revelación de que nunca hubo susceptibilidad. La mente que parecía contaminarse era siempre proyección; al disolverse, la contaminación se revela como imposible ontológica, no como logro ético.