Appamādavagga · La vigilancia · Gāthā 32
Mā pamādamanuyuñjetha, mā kāmarati santhavaṃ; appamatto hi jhāyanto, pappoti vipulaṃ sukhaṃ.
mā pamādamanuyuñjetha, mā kāmarati santhavaṃ; appamatto hi jhāyanto, pappoti vipulaṃ sukhaṃ.
No os entreguéis a la negligencia, no os entreguéis a la intimidad con el placer sensual. El vigilante que medita alcanza una felicidad abundante.
El verso cierre del segundo vagga. Mā pamādamanuyuñjetha — no os entreguéis a la negligencia: imperativo directo, la voz del Buda hablando a sus discípulos con urgencia real. No como moralismo sino como indicación práctica de lo que produce sufrimiento y lo que produce liberación.
Mā kāmarati santhavaṃ — no os entreguéis a la intimidad con el placer sensual: kāmarati es el deleite en los placeres sensoriales; santhava es la intimidad, el apego íntimo. No se dice que los placeres sean malos en sí mismos; el problema es la intimidad, el apego que los convierte en necesidades y dependencias.
Appamatto hi jhāyanto — el vigilante que medita: la combinación de appamāda y jhāna es el motor del desarrollo espiritual. La vigilancia sin meditación tiende al activismo ansioso; la meditación sin vigilancia tiende al quietismo desconectado. Juntos crean la práctica completa.
Pappoti vipulaṃ sukhaṃ — alcanza una felicidad abundante: vipula es vasto, amplio, que se expande. La felicidad del practicante no es la satisfacción estrecha del placer obtenido sino la expansión del ser que se libera de sus propias contracciones. Es una felicidad que no agota su fuente.