Daṇḍavagga · El castigo · Gāthā 136
Atha pāpāni kammāni, karaṃ bālo na bujjhati; sehi kammehi dummedho, aggidaḍḍhova tappati.
Atha pāpāni kammāni, karaṃ bālo na bujjhati; sehi kammehi dummedho, aggidaḍḍhova tappati.
El necio que comete malas acciones no comprende lo que hace; por sus propias acciones el ignorante se quema, como quemado por el fuego.
Karaṃ bālo na bujjhati — el necio no comprende mientras actúa: na bujjhati es “no despierta”, no se da cuenta. La inconsciencia en el momento de la acción es lo que distingue al necio del sabio. Ambos pueden cometer errores, pero el necio lo hace sin siquiera percibir que está sembrando sufrimiento.
Sehi kammehi dummedho aggidaḍḍhova tappati — por sus propias acciones se quema como por fuego: aggidaḍḍha es quemado por el fuego. La imagen es precisa: las propias acciones del necio son el combustible y el fuego que lo queman. No hay agente externo — es autoincendio por ignorancia.
Esta autodigestión moral del necio es uno de los temas centrales del capítulo del castigo. El daṇḍa (castigo) más efectivo no viene de fuera sino de las propias acciones. El universo moral del budismo es autorreferencial: el agente de las acciones es también el receptor de sus consecuencias.
En la práctica contemplativa, sati (atención plena) es precisamente la facultad que permite “despertarse” durante la acción, ver en tiempo real qué se está haciendo y cuáles serán sus consecuencias.