Kaṭha Upaniṣad · 1.1.4

यमवैतद्वचः सर्वं मय्येवैतद्यद्यदिदं तपः कुरुषे तद्वरं वृणीष्व ॥ ३ ॥

yamavaitadvacaḥ sarvaṃ mayyevaitadyadyadidaṃ tapaḥ kuruṣe tadvaraṃ vṛṇīṣva || 3 ||

Oh Yama, como un fuego arde todo sacrificio realizado por aquel que no está contento. Por eso, oh Señor de la Muerte, busco otra cosa.

En este verso, Yama inicialmente ofrece a Naciketas compensaciones mundanas para alejarlo de su pregunta sobre la muerte. Le ofrece hijos, nietos, riquezas, ganado, tierras — todo el esplendor de la vida terrenal. Pero Naciketas las rechaza todas, comparando tales ofrendas con un fuego que consume sin dejar cenizas de valor.

La metáfora del fuego que arde (dahati) sugiere que los placeres mundanos, aunque brillantes, son destructivos. Consumen el tiempo y la energía del buscador sin dejar residuo permanente. Naciketas, joven pero profundamente sabio, reconoce que la satisfacción verdadera no viene de acumular más posesiones.

El término tapaḥ tiene aquí un sentido técnico: es el calor ardiente del sacrificio, pero también la práctica espiritual de austeridad que purifica. Naciketas está realizando su propio tapas mediante esta espera de tres noches, y ahora exige que Yama cumpla su verdadero deber — no ofrecer bienes mundanos sino revelar la verdad suprema.

La repetición del nombre Yama con el vocativo (yamava) indica respeto pero también firmeza. Naciketas no es un niño asustado; es un buscador espiritual que conoce su propósito y no se dejará distraer. Esta determinación inquebrantable es la cualidad esencial del aspirante espiritual (sādhaka).