Kaṭha Upaniṣad · 1.1.18

न जायते म्रियते वा विपश्चिन्नायं कुतश्चिन्न बभूव कश्चित् । अजो नित्यः शाश्वतोऽयं पुराणो न हन्यते हन्यमाने शरीरे ॥

na jāyate mriyate vā vipaścin nāyaṃ kutaścin na babhūva kaścit | ajo nityaḥ śāśvato'yaṃ purāṇo na hanyate hanyamāne śarīre ||

El sabio no nace ni muere; no viene de ninguna parte, ni pasó a ser de algo. No nace, es eterno, perpetuo, antiguo; no es asesinado cuando el cuerpo es asesinado.

Este versículo contiene una de las descripciones más poderosas del Ātman en toda la literatura vedāntica. La negación sistemática de los procesos temporales — nacimiento (jāyate), muerte (mriyate), origen (kutaścit) y devenir (babhūva) — establece la naturaleza trascendental del Ser.

El vipaścit (sabio, el que ve claramente) es quien comprende esta verdad. No se trata de mero conocimiento intelectual sino de darśana (visión directa). El término aja (no nacido) implica que el Ātman no tiene principio, a diferencia de todo lo que existe en el mundo manifestado que surge de causas precedentes.

Nitya (eterno) y śāśvata (perpetuo) refuerzan esta inmutabilidad. Mientras nitya indica ausencia de cambio, śāśvata sugiere continuidad indestructible a través del tiempo. Purāṇa (antiguo) añade la dimensión de existencia primordial — el Ātman existe antes que todo lo demás.

La cláusula final es dramática: cuando el śarīra (cuerpo) es destruido (hanyamāne), el Ātman no es destruido (na hanyate). Esta no es una promesa consoladora sino una descripción de realidad. El yoga práctico consiste en establecerse en esta conciencia de no-muerte (amṛtatva) mientras el cuerpo aún funciona.