Kaṭha Upaniṣad · 1.1.19

य एनं विपश्चिति हन्तारमन्योन्यं च विदुरन्योन्यम् । उभौ तौ न विजानीतोऽयमन्यो हन्तुमन्योऽन्यं न हन्ति ॥

ya enaṃ vipaściti hantāramanyonyaṃ ca viduranyonyam | ubhau tau na vijānīto'yamanyo hantumanyo'nyam na hanti ||

Si el que mata piensa que mata, o si el que es muerto piensa que es muerto, ambos no conocen la verdad. Éste no mata, ni aquél es muerto.

Esta afirmación profunda desmantela la ilusión fundamental de violencia y victimización. El hantā (asesino) y el que es destruido son ambos víctimas de avidyā (ignorancia), no comprendiendo que el Ātman es indestructible. La acción de matar opera solo en el plano del cuerpo, nunca en el Ser.

El término anyonyam (mutuamente) aparece dos veces, enfatizando que tanto el perpetrador como la víctima participan en el mismo error de identificación. Viduḥ (piensan, conciben) indica que esta es una construcción mental, no una realidad objetiva. El que mata cree que puede destruir; el muerto cree que puede ser destruido.

Na vijānītaḥ (no conocen) es la sentencia sobre ambos — permanecen en oscuridad respecto a la naturaleza del Ser. Esta ignorancia tiene consecuencias kármicas devastadoras, generando el ciclo de saṃsāra (circularidad existencial). El reconocimiento de que “este no mata, ni aquél es muerto” es liberador para ambas partes.

En la práctica del yoga, este versículo invita a contemplar la naturaleza inmortal de todos los seres. El ahimsā (no-violencia) de los Yogasūtras no es simplemente abstención de daño físico, sino el reconocimiento profundo de que dañar verdaderamente es imposible. Esta visión transforma todas las relaciones y disuelve el miedo a la muerte.