Kaṭha Upaniṣad · 2.2.15
न तत्र सूर्यो भाति न चन्द्रतारकं नेमा विद्युतो भान्ति कुतोऽयमग्निः । तमेव भान्तमनुभाति सर्वं तस्य भासा सर्वमिदं विभाति ॥ १५ ॥
na tatra sūryo bhāti na candratārakaṃ nemā vidyuto bhānti kuto'yamagniḥ | tameva bhāntamanubhāti sarvaṃ tasya bhāsā sarvamidaṃ vibhāti || 15 ||
Ahí no brilla el sol, ni la luna ni las estrellas; ni relampaguean estos rayos. ¿Cómo podría este fuego? Él, resplandeciendo, todo resplandece después. Por su luz todo esto brilla.
Esta es una de las declaraciones más profundas de toda la literatura espiritual. El Brahman es svayaṃ-prakāśa (autoluminoso); no necesita ser iluminado por ninguna fuente externa. Todos los astros —sol, luna, estrellas, relámpagos— son luminosos solo por reflejo, no por esencia propia.
El verso inverte nuestra percepción ordinaria. Normalmente pensamos que el sol ilumina el mundo; aquí se revela que el sol mismo depende de una luz anterior, más fundamental. El Brahman es la luz por la cual la luz misma es posible. No es un objeto brillante entre otros, sino el brillo mismo en virtud del cual todo aparece.
La práctica de meditación nos acerca a esta verdad. Cuando cerramos los ojos, ¿qué luz permanece? No la luz física, sino la luminosidad de la propia conciencia. El yogui que descansa en esta bhā (luz primordial) ya no busca iluminación —reconoce que es, siempre ha sido y siempre será, la fuente inagotable de luz en la que todos los fenómenos surgen y se disuelven.