Prakaraṇa 3 · Verso 4

चित्तं हि जलावर्तवद् आत्मानं पश्यति

cittaṃ hi jalāvartavad ātmānaṃ paśyati

La mente, como un remolino en el agua, se ve a sí misma

La metáfora del remolino es precisa porque captura la naturaleza autorreferencial de la confusión. El remolino no es una entidad separada del agua, sino una configuración temporal del agua mismo. Sin embargo, su movimiento rotatorio crea la ilusión de un centro autónomo, un “yo” que permanece mientras el agua fluye a través. La mente hace lo mismo: sus vṛttis —pensamientos, emociones, percepciones— son movimientos de la conciencia misma, pero su configuración circular, su tendencia a referirse a un centro imaginado, produce la ilusión de un observador separado. Vasiṣṭha no pide que destruyamos el remolino; pide que reconozcamos que nunca fue otra cosa que agua. Cuando esta comprensión madura, el remolino puede continuar o disiparse, pero ya no engaña. El Haṭha Pradīpikā (IV.77) describe este estado como unākāśa: el cielo sin nubes donde las formaciones pasan sin dejar rastro.