Prakaraṇa 3 · Verso 39

ध्यानाद् ध्येय-विश्लेषः शान्तिर् एव न संशयः

dhyānād dhyeya-viśleṣaḥ śāntir eva na saṃśayaḥ

De la meditación surge la separación del meditado, y eso es la quietud, sin duda

La fórmula parece invertir el objetivo de la meditación. Ordinariamente, se medita para alcanzar algo —quietud, visión, liberación— y la separación (viśleṣa) entre meditador y meditado es el obstáculo. Vasiṣṭha dice que es el resultado: cuando la meditación madura, revela que siempre hubo separación entre el que buscaba y lo buscado. No que se fusionen: se revela que nunca estuvieron unidos, que la unión buscada era proyección del saṅkalpa. El dhyeya —objeto de meditación— era siempre mental, construido por el dhyātṛ —meditador— que también era mental. La meditación que busca eliminar esta separación refuerza el error de base: que hay alguien que medita. La verdadera meditación es ver que no hay meditador, no porque se destruya sino porque nunca existió como entidad separada. Entonces surge śānti —no como estado alcanzado sino como reconocimiento de que nunca hubo agitación en el sustrato. El Yoga Sūtra (I.12) prescribe abhyāsa-vairāgyābhyām —práctica y desapego— para la nirodha, pero Vasiṣṭha añade: cuando la práctica revela que no hay practicante, el desapego es automático. No se desapega de algo externo: se ve que nunca hubo apego porque no había dos para unirse.