Prakaraṇa 3 · Verso 41
आत्मैव परमात्मानं पश्यन् बोधयति स्वयम्
ātmaiva paramātmānaṃ paśyan bodhayati svayam
El sí mismo, viendo el sí mismo supremo, despierta por sí mismo
Esta es quizás la fórmula más radical del Yoga Vāsiṣṭha: no hay proceso de iluminación, no hay transmisión de conocimiento, no hay gradualidad. El ātman —sí mismo individual, la conciencia particular que parece habitar este cuerpo— y el paramātman —sí mismo supremo, la conciencia universal— no son dos entidades que se encuentran. Son una sola realidad vista desde dos perspectivas: la de la identificación (ahaṅkāra) y la de la libertad (mukti). El bodha —despertar— no es evento en el tiempo: es el reconocimiento de que nunca hubo dormir. El svayam —por sí mismo— elimina toda mediación: no hay gurú que otorgue, técnica que produzca, esfuerzo que acumule. El despertar es la naturaleza del ātman, no su consecuencia. Como el sol no necesita ser encendido, la conciencia no necesita ser iluminada. El Aṣṭāvakra Gītā (I.12) dice: muktābhimānī muktas tu viṣṭabhyātmānam ātmanā —“Aquel que se considera liberado está liberado; condena al sí mismo con el sí mismo”—. La consideración no es auto-engaño: es el acto de reconocimiento que el ātman realiza sobre sí mismo, no como acto sino como naturaleza. La quietud no es resultado del despertar: es el despertar mismo visto desde la perspectiva de la mente que cesa de buscarlo.