Prakaraṇa 5 · Verso 18

यथाम्भसि स्थितं बीजं विकारं लभते यदि । विकारो नैव तत्रास्ति तथा ब्रह्माणि विश्वतः ॥

yathāmbhasi sthitaṃ bījaṃ vikāraṃ labhate yadi | vikāro naiva tatrāsti tathā brahmāṇi viśvataḥ ||

Así como la semilla sumergida en agua, si adquiere transformación, en realidad no hay transformación en el agua; así en Brahman no hay transformación en todo el universo.

La analogía de la semilla en el agua introduce un matiz que las analogías previas no capturaban: la transformación aparente sin transformación real. La semilla parece transformarse —germina, crece, se descompone— pero el agua que la contiene no se transforma. El universo parece transformarse —nacimientos, muertes, cambios— pero Brahman no se transforma.

La clave está en “vikāro naiva tatrāsti” —no hay transformación allí— donde “allí” (tatra) se refiere al sustrato, no al contenido. El contenido se transforma; el sustrato permanece inmutable. Esta es la distinción entre pariṇāma (transformación real) y vivarta (aparición aparente) que el advaita desarrolla contra el samkhya. El mundo no es transformación de Brahman; es apariencia sobre Brahman, como el paisaje no es transformación del espejo sino reflexión en el espejo.

El Yoga Sūtra (III.14) afirma que las cosas poseen cualidades en su esencia, pero aparecen transformadas por la secuencia de cambios. La perspectiva del sāṃkhya-yoga es que las cualidades (guṇas) realmente cambian, aunque el drastā —el que ve— permanece inmutable. El Laghu Yoga Vāsiṣṭha va más allá: no solo el testigo permanece inmutable, sino que el cambio mismo es apariencia. Las guṇas no transforman a prakṛti; prakṛti misma es apariencia de puruṣa.