Prathamaḥ paṭalaḥ (Jñāna) · Verso 78
गन्धलक्षणिका पृथ्वी नान्यथा भवति ध्रुवम्।
gandhalakṣaṇikā pṛthvī nānyathā bhavati dhruvam|
La tierra (pṛthivī) tiene el olfato (gandha) como característica —no de otra manera, esto es definitivo. La tierra se disuelve en el agua; el agua, en el fuego; el fuego, en el aire; el aire, en el éter; y el éter se resuelve en la avidyā, que se fusiona en el Gran brahman.
La involución del universo como espejo de su evolución. Si la creación fue un proceso de densificación —del espíritu al éter, del éter al aire, hasta llegar a la tierra— la disolución invierte exactamente ese proceso. La tierra retorna al agua, el agua al fuego, el fuego al aire, el aire al éter, el éter a la avidyā, y la avidyā al brahman. El universo es una ola que surge y regresa al océano.
Gandhalakṣaṇikā (que tiene el olfato como característica, cuya marca es el aroma) define a la tierra: es el elemento más denso, el único que posee las cinco cualidades sensoriales acumuladas. Dhruvam (definitivo, cierto, firme) cierra la descripción con autoridad. La secuencia de involución (pralaya) va en orden inverso al de la creación (sṛṣṭi): de lo más denso a lo más sutil, de la tierra hasta el brahman.
La doctrina de la involución cósmica (pralaya) aparece en el Manusmṛti, en los Purāṇas y en los Upaniṣad. En el contexto del yoga tántrico del Śivasaṃhitā, esta doctrina tiene implicaciones prácticas: el laya yoga (yoga de la disolución) trabaja con la reabsorción de los elementos en sentido inverso al de la creación, llevando la conciencia hacia su fuente. El śavāsana puede verse como una miniatura de este proceso cósmico.