Prathamaḥ paṭalaḥ (Jñāna) · Verso 94

यस्यारोपापवादाभ्यां यत्र सर्वे लयं गताः ।

yasyāropāpavādābhyāṃ yatra sarve layaṃ gatāḥ |

En aquel [el Uno] en el que todos han entrado en disolución a través del āropaṇa y el apavāda, conforme a los efectos del karma pasado de los jīvas, Yo regulo todos los destinos. El jīva es inmaterial y está en todas las cosas; pero entra en el cuerpo material para disfrutar los frutos del karma.

Śiva habla en primera persona —‘Yo regulo todos los destinos’— estableciendo su función como inteligencia reguladora del karma cósmico. El jīva, siendo inmaterial y omnipresente, se ‘encarna’ paradójicamente para experimentar las consecuencias de sus acciones pasadas. La encarnación no es una caída sino la condición de posibilidad de la experiencia —y por tanto, de la liberación.

Āropāpavādābhyāṃ (a través de la superimposición y la refutación) describe el proceso de realización por el que el universo se disuelve en el Uno: primero se atribuye todo al Absoluto (āropaṇa) y luego se niega la realidad independiente de todo lo atribuido (apavāda). Jīva es amūrta (inmaterial, sin forma) y sarvagata (que está en todas partes), pero entra en el mūrta (lo material) para experimentar el karma.

La imagen de Śiva como regulador del karma de los jīvas sitúa al texto en la tradición del Īśvaravāda —la visión de Dios como regente del universo— pero inmediatamente la supera: Śiva no es un legislador externo sino la conciencia interna que regula el proceso. Esta regulación no es intervención arbitraria sino la ley inmanente del cosmos que el Śivasaṃhitā llama dharma en su sentido más profundo.