Tṛtīyaḥ paṭalaḥ (Sādhana) · Verso 81
यदा निष्पत्तिर्भवति समाधेः स्वेनकर्मणा ।
yadā niṣpattirbhavati samādheḥ svenakarmaṇā |
A través de este ejercicio y del yoga, el yogin se convierte en un ser como Kāmadeva, sin rival. No siente ni hambre, ni sed, ni sueño, ni desmayo.
Kāmadeva —el dios del amor y el deseo, el equivalente indio de Eros— es el estándar de belleza y atractivo en la mitología sánscrita. Comparar al yogin con Kāmadeva no es solo hablar de atractivo físico: en la tradición tántrica, la belleza del siddha emana de la plenitud de su ojas, la quintaesencia de todos los tejidos vitales que el yoga ha refinado y condensado. Es una irradiación de salud y potencia que el ojo humano percibe como belleza sin poder identificar su fuente.
La cuádruple ausencia que describe este verso —sin hambre (kṣudhā), sin sed (tṛṣṇā), sin sueño (nidrā), sin desmayo (mūrcchā)— no significa que el yogin no coma, no beba o no duerma jamás. Significa que su organismo ha trascendido la urgencia biológica de estas necesidades. El hambre y la sed se han vuelto opcionales: el prāṇa suministra la nutrición que anteriormente dependía del alimento y el agua. El sueño se ha vuelto innecesario porque la práctica produce el descanso profundo que el sueño ordinario solo parcialmente provee.
La ausencia de mūrcchā (desmayo, pérdida de conciencia) es quizás la más técnicamente significativa. En el prāṇāyāma avanzado, especialmente en los kumbhakas largos, existe el riesgo real de pérdida de conciencia por hipoxia. El yogin que ha alcanzado la niṣpatti ha reconvertido su metabolismo hasta el punto de que incluso sin oxígeno atmosférico durante períodos prolongados, la conciencia se mantiene estable y clara.