Caturthaḥ paṭalaḥ (Mudrā) · Verso 46

चक्रमधे स्थिता देवाः कम्पन्ति वायुताडनात्।

cakramadhe sthitā devāḥ kampanti vāyutāḍanāt|

Los dioses que moran en el centro de los chakras tiemblan con el golpeteo del vāyu; el yogui que practica esto tres horas al día vence a la muerte y no se destruye ni en el pralaya.

La imagen de los dioses temblando ante el impacto del vāyu en los chakras es una expresión poética del mecanismo del Mahāvedha: la vibración física del golpeteo produce una onda que atraviesa los centros energéticos y desaloja las energías estancadas que allí residen. Los «dioses» (devāḥ) en este contexto son las deidades presenciales en cada chakra —Gaṇeśa en mūlādhāra, Brahmā, Viṣṇu, Rudra en los chakras superiores.

Vāyutāḍana —«el golpe del vāyu»— emplea tāḍana (golpe, impacto, de la raíz taḍ-, golpear), describiendo la acción mecánica de la práctica: la percusión de los isquiones contra el suelo transmite una vibración al prāṇamayakośa, el cuerpo energético. Pralaya (disolución cósmica, el final del ciclo del universo) es la referencia temporal más extrema posible: afirmar que ni en la disolución universal el yogui se destruye equivale a afirmar la realización de la naturaleza indestructible del Ātman.

La prescripción de tres horas diarias coloca esta práctica en la categoría de los sādhanas formales de alto compromiso. En los monasterios nātha medievales, esto implicaba una disciplina de vida total: dieta específica, celibato, reclusión y práctica antes del amanecer. La supervivencia al pralaya no es inmortalidad personal sino reconocimiento de que la conciencia que practica es la misma conciencia que subyace al cosmos.