Caturthaḥ paṭalaḥ (Mudrā) · Verso 99

अयं योगो मया प्रोक्तो भक्तानां स्नेहतः प्रिये ।

ayaṃ yogo mayā prokto bhaktānāṃ snehataḥ priye |

Este yoga ha sido declarado por mí por amor hacia mis devotos, oh amada mía; es el más secreto de todos los secretos que jamás fueron o serán; que el prudente yogui lo guarde con el mayor secreto posible.

El verso final del Capítulo Cuatro cierra el texto con el mismo gesto con que comenzaron las secciones más profundas: Śiva revela por sneha (amor, de sneh-, ungir, derramar aceite) y protege por la misma sneha. La estructura circular del capítulo —apertura con la promesa de las diez mudrās, cierre con el imperativo del secreto— expresa la cosmología del propio texto: la enseñanza es una emisión (sṛṣṭi) y su protección es una contención (saṃhāra), imitando los dos movimientos del cosmos.

Priye —«oh amada, oh querida»— es el vocativo de priyā, el epíteto más íntimo que Śiva usa para dirigirse a Pārvatī. El capítulo entero ha sido una conversación de amor: el Señor revelando a su consorte los misterios más profundos del cuerpo como sede de lo sagrado. Esta intimidad no es decorativa sino epistemológicamente significativa: los secretos más profundos solo se revelan en el espacio de la confianza total.

La fórmula final sarvaguhyatamaṃ guhyam… sādhoḥ surakṣitam —«el más secreto entre todos los secretos… bien guardado por el sabio»— crea el sellado narrativo del capítulo. El sādhu (el practicante genuino, el de buena conducta) que recibe esta enseñanza tiene la responsabilidad de ser su custodio: no un poseedor exclusivo sino un guardián que transmite solo cuando el receptor está preparado y la transmisión ha sido sancionada por el guru. El capítulo termina donde comenzó: en el umbral entre lo que puede decirse y lo que solo puede vivirse.