Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 105
रुद्राख्यो यत्र सिद्धोऽस्ति सर्वमङ्गलदायकः ।
rudrākhyo yatra siddho'sti sarvamaṅgaladāyakaḥ |
Donde existe el siddha llamado Rudra, dador de todo bien y auspicio, el yoguín que medita en ese espacio —entre iḍā y piṅgalā— contempla Vārāṇasī misma. La piṅgalā surge del lado izquierdo del loto Ājñā y se dirige hacia la fosa nasal derecha; a esta nāḍī se la denomina Asi.
Este verso sitúa la ciudad sagrada de Vārāṇasī no en la geografía externa sino en el cuerpo sutil del yoguín. El espacio entre las dos nāḍīs principales, iḍā y piṅgalā, es identificado con el lugar más sagrado de la India, donde Rudra —la deidad que otorga todos los auspicios— habita como siddha, ser perfeccionado y perfeccionador.
El término siddha aquí no designa simplemente a un practicante avanzado, sino a una presencia divina establecida (asti) en ese espacio interior. Rudra, en su aspecto benéfico de sarvamaṅgaladāyaka (dador de toda auspiciosidad), representa la energía transformadora que convierte el veneno en néctar, lo destructivo en liberador. La piṅgalā recibe el nombre de Asi, evocando el río Asī que delimita Vārāṇasī por el sur.
Esta internalización de los tīrthas (lugares de peregrinación) es característica de la tradición tántrica y hāṭhayóguica: el cuerpo es el mapa completo del cosmos sagrado. Meditar en este punto equivale, según el texto, a peregrinar a Benarés. La práctica no requiere desplazamiento físico; la geografía sagrada se recorre hacia adentro.