Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 176
चतुर्मुखादित्रिदशैरगम्यं योगिवल्लभम्।
caturmukhāditridaśairagamyaṃ yogivallabham|
Inaccesible a Brahmā de cuatro rostros y a los treinta dioses, amado de los yoguis; quien medita en este universo móvil e inmóvil pero abandona al Brahman supremo directamente manifiesto, permanece absorbido en el universo.
Lo que los dioses no pueden alcanzar, el yogui lo obtiene. La fuente de la que el propio Brahmā creador emana no puede ser alcanzada por él desde fuera —sólo por quienes se vuelven hacia adentro con la mirada del yoga. Este verso invierte la jerarquía cósmica habitual: el yogui supera a los dioses no en poder sino en profundidad de penetración en la realidad.
Catur-mukha es el de cuatro rostros (epíteto de Brahmā), tri-daśa los treinta dioses del panteón védico (tres grupos de diez: Vasus, Rudras, Ādityas), agamya inaccesible o inalcanzable (a = sin, gamya = alcanzable), yogi-vallabha el amado de los yoguis. La advertencia sobre quien «abandona el Brahman directamente manifiesto» es contra el peligro de la ilusión cósmica.
La irónica dialéctica de este verso tiene raíces en las Upaniṣads más antiguas: en la Kena Upaniṣad, el fuego, el viento y Indra no pueden atrapar una chispa de Brahman hasta que una mujer misteriosa (Uma) les revela que era Brahman mismo. El yogui del Śiva-saṃhitā conoce lo que los dioses no: que la realidad última no está en las alturas del cosmos sino en la profundidad de la conciencia propia.