Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 80

सुषुम्णापि च संश्लिष्टा बीजं तत्र वरं स्थितम्।

suṣumṇāpi ca saṃśliṣṭā bījaṃ tatra varaṃ sthitam|

La suṣumnā abraza la hermosa semilla en el maṇipūra; su regente es Rudra, dador de auspicios, y la diosa es Lākinī. Quien contempla este loto obtiene la pātal-siddhi, se convierte en señor de los deseos y puede entrar en el cuerpo de otro.

Rudra —“el que ruge”, “el que hace llorar” o “el rojo brillante”— como regente del maṇipūra es apropiado: Rudra es la forma de Śiva como señor del fuego transformador, la energía que purifica destruyendo lo obsoleto. Su naturaleza ambivalente —puede causar dolor o conferir dones según el estado del practicante— refleja la cualidad del chakra del fuego: quema tanto los alimentos como las ilusiones, pero puede quemar también lo valioso si no hay discernimiento (viveka).

Lākinī —la diosa del maṇipūra— es descrita en los textos como de apariencia feroz y benefactora: cuatro brazos, dientes afilados, cabello desgreñado. Es la śakti del fuego en su aspecto de consumidora universal. Su nombre podría derivar de lakṣ (marcar, señalar): ella marca al practicante que ha atravesado su dominio con el sello del fuego purificador. Pātal-siddhi —el poder del mundo subterráneo— es la capacidad de penetrar capas de realidad normalmente inaccessibles, incluida la posesión de otro cuerpo (parakāyapraveśa).

La capacidad de entrar en el cuerpo de otro (parakāyapraveśa) es uno de los poderes más místicos del haṭhayoga clásico. La tradición narra que Śaṅkarācārya la utilizó para experimentar la vida de un rey antes de responder las preguntas de Maṇḍana Miśra sobre el amor conyugal. Desde la perspectiva de la anatomía sutil, esta capacidad se explica como el resultado de haber purificado el cuerpo sutil hasta el punto en que puede separarse temporalmente del cuerpo físico y habituar otro. El fuego del maṇipūra, cuando está completamente purificado, disuelve la identificación rígida con un solo cuerpo.