Śvetāśvatara Upaniṣad · 2..1

यदा ध्रुवः परिणतोऽस्मि नान्यथा सतो वा सत एवाश्मसारः नैतत् विदुः केचन बालहृदयाः

yadā dhruvaḥ pariṇato'smi nānyathā sato vā sata evāśmasāraḥ naitat viduḥ kecana bālaścittavṛttīnāṃ saṃpravṛttiḥ

Cuando uno se ha vuelto estable, completamente maduro, y no de otra manera —para el real, eso es realidad, como la dureza del diamante. Los niños no conocen esto; sus mentes están ocupadas con juegos.

La dhruva (estabilidad) es la marca del yogui maduro, no la rigidez sino la inmutabilidad que viene del conocimiento. La analogía del aśmasāra (diamante/piedra dura) sugiere que esta realización no puede ser quebrada por las circunstancias externas. En nuestra práctica de yoga, reconocemos las distracciones mentales (cittavṛtti) como “juegos de niños” —no porque sean insignificantes, sino porque la mente inmadura las toma como reales. El maduro no renuncia al mundo sino que lo conoce como lo que es: apariencia sobre el substrato inmutable del sat (ser real).